Podéis llamarme loco cuando me
oigáis decir o más bien cuando leáis que pienso que los videojuegos te enseñan
en esta vida en cierto punto. No sé si enseñar es la palabra más adecuada para
definirlo pero es así. Está claro que no todos los videojuegos enseñan de la
misma manera y que no todos los videojuegos enseñan. Mis padres me han educado
siempre de la mejor manera y como mejor han sabido hacerlo y por ello soy quien
soy hoy día y les estoy y estaré eternamente agradecido. Yo he tenido varios
videojuegos y como buen deportista que me considero mis juegos han sido siempre
de deportes. Videojuegos como Moto GP,
Fórmula1, FIFA, NBA Live, NBA 2k, Gran Turismo y creo recordar solo un
juego que se escapa de este grupo, el Call
Of Duty. Y con estos juegos he descubierto o quizá creído que existe un
paralelismo entre los videojuegos y la vida misma. Me explico.
Cuando empiezas un juego por
norma general te dan a escoger entre tres niveles: fácil, normal o difícil. En
la vida no puedes escoger, si no que vas avanzando según creces. Desde que
naces estás en el modo fácil. Lo tienes todo hecho, no tienes preocupaciones,
están pendientes de ti, y vas pasando de pantalla fácilmente, sin grandes
obstáculos. Conforme la vida pasa y creces subes de nivel. Nivel normal. Quizá
corresponda a la etapa adolescente a partir de los 12 o 13 años. Es entonces
cuando tomas cartas en el asunto. Adquieres conocimientos nuevos, forjas tu
personalidad, tu yo, tu ser. Racionas por ti mismo pero sigues teniendo esa
ayuda indispensable. Este nivel es más complejo y has de luchar un poco más
para sortear los diferentes obstáculos que se presentan.
Una vez te pasas la pantalla en
nivel normal asciendes al nivel máximo. Nivel difícil. En este nivel no tienes
la misma ayuda que en los anteriores, aquí eres tú quien dirige, tú actúas, tú
decides. En los videojuegos te matarán una y otra vez, te caerás miles de
veces, te meterán muchos goles y perderás partidos importantes pero sigues
intentando pasar el nivel y en esto se parece mucho a la vida. Es verdad que en
la realidad si te matan no puedes volver a intentarlo pero ahí está la clave,
en luchar para no darse por vencido. ¿Y qué me dices de las típicas barras de
estado? Esa barra que disminuía a cada golpe recibido y que para recuperar debías
encontrar packs de vida en forma de botiquines o de cruces rojas a lo largo de
la pantalla. Pues en la realidad pasa lo mismo. Tu barra de estado va
disminuyendo con los años y debes ir recuperando esas fuerzas. ¿Cómo? Sí,
exactamente. Encontrando packs de vida. No, no estoy bromeando. Has leído bien.
Packs de vida. Pero no packs virtuales como esos de los videojuegos. Packs de
vida en forma de amistad, de buenos consejos, de dejarse ayudar, de sonreír
ante situaciones absurdas, de no dar más importancia a las cosas de las que
tienen realmente, de ser consecuente y sobretodo de querer. Packs de vida en
forma de pequeños detalles que son los que de verdad cuentan.
Sí. Es así. Existe relación. Una
relación que en esta vida me enseñaron los videojuegos. Y te preguntarás: este
debe ser un friki, un viciado, no debe tener vida social o quizá penséis que
soy un chiquillo enamorado de las consolas. Pues dejarme deciros que os
equivocáis. No negaré que me gustan los videojuegos pero como a la mayoría de
chavales. Simplemente soy un chico más, distinto de los demás. Enamorado de las
palabras y de los sentimientos que nacen del corazón. Loco por sonreír a cada
momento y compartir mi felicidad con la gente a la que quiero y sé que me
quieren.
No pido que seas como yo. Como
bien digo siempre “lo bonito es la magia de ser uno mismo”.
Pero quizá después
de entender la vida de una forma diferente, apoyado desde mi punto de vista
entiendas que lo que realmente importa es vivir con felicidad por muchos
obstáculos que se interpongan en nuestro camino para conseguirlo y ser fuertes
para apartarlos. Y no puedo terminar esto de otra forma que diciéndoos:
Sonreíd. Porque SONREÍR de momento es gratis.
Jonathan Montoya García
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