jueves, 13 de agosto de 2015

Palabras virtuales

Podéis llamarme loco cuando me oigáis decir o más bien cuando leáis que pienso que los videojuegos te enseñan en esta vida en cierto punto. No sé si enseñar es la palabra más adecuada para definirlo pero es así. Está claro que no todos los videojuegos enseñan de la misma manera y que no todos los videojuegos enseñan. Mis padres me han educado siempre de la mejor manera y como mejor han sabido hacerlo y por ello soy quien soy hoy día y les estoy y estaré eternamente agradecido. Yo he tenido varios videojuegos y como buen deportista que me considero mis juegos han sido siempre de deportes. Videojuegos como Moto GP, Fórmula1, FIFA, NBA Live, NBA 2k, Gran Turismo y creo recordar solo un juego que se escapa de este grupo, el Call Of Duty. Y con estos juegos he descubierto o quizá creído que existe un paralelismo entre los videojuegos y la vida misma.  Me explico.

Cuando empiezas un juego por norma general te dan a escoger entre tres niveles: fácil, normal o difícil. En la vida no puedes escoger, si no que vas avanzando según creces. Desde que naces estás en el modo fácil. Lo tienes todo hecho, no tienes preocupaciones, están pendientes de ti, y vas pasando de pantalla fácilmente, sin grandes obstáculos. Conforme la vida pasa y creces subes de nivel. Nivel normal. Quizá corresponda a la etapa adolescente a partir de los 12 o 13 años. Es entonces cuando tomas cartas en el asunto. Adquieres conocimientos nuevos, forjas tu personalidad, tu yo, tu ser. Racionas por ti mismo pero sigues teniendo esa ayuda indispensable. Este nivel es más complejo y has de luchar un poco más para sortear los diferentes obstáculos que se presentan.

Una vez te pasas la pantalla en nivel normal asciendes al nivel máximo. Nivel difícil. En este nivel no tienes la misma ayuda que en los anteriores, aquí eres tú quien dirige, tú actúas, tú decides. En los videojuegos te matarán una y otra vez, te caerás miles de veces, te meterán muchos goles y perderás partidos importantes pero sigues intentando pasar el nivel y en esto se parece mucho a la vida. Es verdad que en la realidad si te matan no puedes volver a intentarlo pero ahí está la clave, en luchar para no darse por vencido. ¿Y qué me dices de las típicas barras de estado? Esa barra que disminuía a cada golpe recibido y que para recuperar debías encontrar packs de vida en forma de botiquines o de cruces rojas a lo largo de la pantalla. Pues en la realidad pasa lo mismo. Tu barra de estado va disminuyendo con los años y debes ir recuperando esas fuerzas. ¿Cómo? Sí, exactamente. Encontrando packs de vida. No, no estoy bromeando. Has leído bien. Packs de vida. Pero no packs virtuales como esos de los videojuegos. Packs de vida en forma de amistad, de buenos consejos, de dejarse ayudar, de sonreír ante situaciones absurdas, de no dar más importancia a las cosas de las que tienen realmente, de ser consecuente y sobretodo de querer. Packs de vida en forma de pequeños detalles que son los que de verdad cuentan.

Sí. Es así. Existe relación. Una relación que en esta vida me enseñaron los videojuegos. Y te preguntarás: este debe ser un friki, un viciado, no debe tener vida social o quizá penséis que soy un chiquillo enamorado de las consolas. Pues dejarme deciros que os equivocáis. No negaré que me gustan los videojuegos pero como a la mayoría de chavales. Simplemente soy un chico más, distinto de los demás. Enamorado de las palabras y de los sentimientos que nacen del corazón. Loco por sonreír a cada momento y compartir mi felicidad con la gente a la que quiero y sé que me quieren.

No pido que seas como yo. Como bien digo siempre “lo bonito es la magia de ser uno mismo”.

Pero quizá después de entender la vida de una forma diferente, apoyado desde mi punto de vista entiendas que lo que realmente importa es vivir con felicidad por muchos obstáculos que se interpongan en nuestro camino para conseguirlo y ser fuertes para apartarlos. Y no puedo terminar esto de otra forma que diciéndoos: Sonreíd. Porque SONREÍR de momento es gratis. 



Jonathan Montoya García

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