60 minutos. Es lo que quedaba para verla por última vez. ¿De verdad? ¿Sería la última vez que la vería? No podía quedarme quieto ni un solo segundo. Estaba muy nervioso, sentía taquicardias, me faltaba el aire. ¿Qué sería de mi sin ella? La quería...
El Sol caía. El camino que conducía al puente en el que habíamos quedado cada vez se volvía más largo y sinuoso, se me hacía cuesta arriba. El frío arreciaba, arremetía contra las copas de los árboles que bordeaban el camino y la humedad calaba mis huesos. Temblaba de frío y deseaba tanto poder encontrarme ya con ella. Mi cabeza iba a estallar, mis pensamientos la convertían en una olla a presión. Mientras intentaba desviar mi concentración a ninguna parte pateando una de las piedras que encontré en el suelo, de pronto un niño que pasaba por allí se acercó a mi.
- Ten, esto es para ti.
- ¿Cómo? ¡Eh! ¡Niño! ¿Quién te ha...?
Fue inútil insistir. Tal como me dio aquél sobre el pobre chaval salió corriendo. Por un momento no sabía qué diantres ocurría, apenas recordaba qué hacía en ese camino hasta que leí lo que ponía en el sobre:
No sabía qué hacer. Mis manos sudaban y casi podía entrever lo que había dentro de ese sobre. El Sol ya no estaba y las pocas farolas de ese camino empezaban a encenderse para iluminar la calle a trozos. ¿Por qué me pedía perdón? ¿Qué ocurría? Apenas faltaban diez minutos para que dieran las seis de la tarde y habíamos quedado en el puente que estaba a tan solo trescientos metros de donde yo me encontraba. Decidí llegar hasta el puente y allí me senté en el único banco que había. Tenía que hacerlo. Abrí el sobre y ésto es lo que encontré:
"A mi pequeño John,
Si estás leyendo esto quiere decir que la última cosa que he hecho por ti ha salido bien. Gracias a ese niño puedo decirte lo que en persona no hubiera podido contarte. La única pega es que ese niño se llevó los últimos céntimos que me quedaban en el bolsillo...
Primero quiero y debo pedirte perdón. Por no haber cumplido mi parte y no estar ahora ahí, sentada, contigo. No podía hacerlo. Todo lo que ha pasado, lo que se supone que debía haber salido perfecto, sobre ruedas, todo ha dado un giro inesperado y no puedo sobrellevar esta situación. Te pido perdón por despedirme de esta manera, sí, me voy. No sé a dónde, pero espero estar bien. Segundo, quiero darte las gracias. Por demostrarme millones de cosas en apenas una noche, por hacerme reír cuando más lo necesitaba, por entenderme, por todo, gracias. Si ves que hay alguna mancha en este papel, no te preocupes debe de ser alguna lágrima. Quiero que sepas que en mi interrogatorio, hablé con los agentes y entendieron la situación, todo va a salir bien John, lo prometo. Ellos saben lo que habían de saber y tienen lo que han de tener para dar con el impresentable que acabó con Zalo y que con él se llevó nuestra felicidad. Yo no quería que pasara nada de esto... Yo...
Esta es ya la no sé qué carta que he escrito y es que me veo obligada a decirte algo que no quiero, mi cabeza y mi corazón se discuten con el bolígrafo... Solo quiero que hagas una última cosa por mi. No me busques. Deja que todo se arregle y el destino, como ya ha hecho una vez, volverá a cruzarnos en el camino. Estoy segura. Gracias por tanto y perdón por todo.
Con amor y cariño,
Lucía Smith."
Dios mío.... No podía ser verdad... Lucía, se había marchado, sin decirme adiós, sin poder verla por última vez, sin poder decirle un último "Te Quiero". Ya no me quedaba nada. Caí al suelo, rendido, sin ganas. Había llegado el momento, ese en el que hasta aquí podía leer. Me acerqué a la oxidada barandilla de aquél maldito puente, el puente que desde hoy para mi cambiaría de nombre: El Puente del Adiós. Mas cuando ya todo lo creía perdido, cuando mis ojos no podían contener un segundo más mi llanto, el cielo me mandó una señal. Una pluma blanca cayó sobre mi, las nubes me mandaban un mensaje en forma de lluvia, me decían "no temas, nosotras lloramos por ti". Y de pronto, el niño del sobre apareció de nuevo.
- ¡Señor! ¡Eh, señor! - gritaba el niño acercándose a paso ligero hacia a mi - Siento haber salido corriendo antes... Ten, esto no es mio y te he visto llorar. Esa chica también lloraba cuando me dio ese sobre, son... ¿novios?
- Esto... - intentaba responder secándome las lágrimas - Si.. quiero decir... no... no lo sé.
- Señor... No llore más, por favor. Ella me dijo algo antes de marcharse.
- ¿Qué te dijo? Vamos, ¡dime!
- Me dijo que ella se iba sonriendo, tranquila de que algún día volverá y quería que quien leyera esta carta, fuera feliz porque es lo que se merece.
Aquellas palabras erizaron mi piel. Podía leerse a través de mis ojos que no me iba a rendir. Esto no podía quedar así.
- Gracias niño. De verdad, gracias.
- De nada señor. - dijo el niño volviéndose por donde había venido.
A pocos metros había una parada de taxi
- ¡Taxi! ¡Taxi! Lléveme a esta dirección, por favor. Rápido.
- En seguida, suba.
CONTINUARÁ...

No hay comentarios:
Publicar un comentario