Play. All I want is You. Así empezó la fiesta. Con una canción de U2. Una canción de 1988 y sí, fui yo quien abrió la lata de las melodías. No había mejor canción que esta balada rock de fondo, al más puro estilo chill out para empezar a animar un poco el ambiente.
Nunca antes imaginé que en una situación como en la que me encontraba pudiera pasarme casi una hora entera pensando en algo que me comentó Santi hacía ya algún tiempo. Cito textualmente:
- ¿Te puedo hacer una pregunta? - Dijo él posando su brazo derecho sobre mi espalda.
- Sí,claro. Dime.
- ¿Qué es aquello que determina que en un bosque, en otoño, una hoja caiga segundos después de otra y acaben juntas en el suelo? Es decir, ¿Se trata de azar? ¿O es una cuestión científica, la fuerza y dirección del viento y ese tipo de cosas de las que hablan los de bata blanca y tubos de ensayo? O tal vez... ¿Se trate del destino? Un algo que determine que al caer una hoja aquella que ha de encontrarse con ella decida desengancharse del árbol para acabar allí, cerca del destino.
- Esto... Santi... ¿Te encuentras bien? - Le pregunté comprobando si le había subido la fiebre.
-¡Sí! - Respondió él zafándose de mi mano con un rápido cabeceo.
No pude quitarme esas palabras de la cabeza. ¿Qué es aquello que determinó que Lucía y yo nos encontráramos en aquella fiesta? ¿Por qué? ¿Y por qué allí y en aquel instante?
Saray chasqueó los dedos frente mi mirada fija y sin parpadeo alguno, como transportado a otra dimensión. Me hizo volver a la Tierra.
-¡Ey! ¿Era bonito ese planeta? Jajaja - Sonrió - ¡Vamos, vuelve aquí!
- ¿Francamente? Era algo escéptico, lleno de interrogantes - Respondí riendo solo.
De fondo podía oír la sintonía que volvía loco (literalmente) a Juanjo. Alcé la mirada al reloj y ¡diantres! Restaban cinco minutos para el comienzo del partido. Por muy amigos que fuéramos estaríamos hora y media divididos en dos bandos. Unos apoyando al Baskonia y los otros al equipo de Mirivilla. Juanjo saltó sobre el sofá, tiró cojines, casi derramó una botella de una conocida bebida con gas y todo por coger el mejor sitio frente al televisor. Le obsesionaba el baloncesto, en eso nos parecíamos bastante, pero a Juanjo le obsesionaba la palabra DEPORTE. Ya podía tratarse de bádminton, tenis, waterpolo, balonmano, fútbol, natación, ciclismo, automovilismo... Cualquier deporte. Hasta enloquecía viendo a Harry Potter jugar a Quidditch. Lo cierto es que era maravilloso verlo disfrutar de esa manera. Nos hacía partícipes a todos y eso era algo realmente especial.
(Minutos después)
A punto de finalizar el primer cuarto del derbi vasco (Baskonia perdía de seis) el timbre sonó con tal estruendo que logró asustarnos incluso hizo que Fabián dejara de besar a Saray tras la barra bar que separaba la cocina de la sala de estar. Zalo, como buen anfitrión, hizo los honores de recibir a las últimas invitadas. Y saludándolo entraron Andrea, Esther, Jessica, Ana y... un brillo diferente, una piel especial, unas curvas que no había visto antes... Lucía. En ese orden. Hubo un detalle entre Jessica y Santi que me hizo sospechar un poco. No se dieron dos besos al saludarse. ¡Se dieron un pico! Instantes después de eso Santi se encargó de hacerlo oficial.
Nos contó una de las anécdotas más graciosas y a su vez algo vergonzosas que habíamos oído jamás. Reímos tanto con aquella escena que no nos dimos cuenta de que el Baskonia ya estaba dos puntos arriba en el marcador al inicio del segundo cuarto.
-Pues sí queridos amigos y amigas. Jessica y yo nos conocimos en clase de música. Ella es toda una violinista espectacular y yo un intento de trompetista. Empezamos a quedar poco a poco y nos fuimos conociendo más y más y más... tanto nos conocimos que casi adivinábamos qué diría el otro antes de terminar la frase. Y aquel 21 de Marzo en el ascensor del centro comercial, pasó lo que tenía que pasar. "Casualmente" el ascensor se detuvo entre planta y planta, estábamos solos ella y yo y el pavor de la situación se adueñaba de su cuerpo. Tanto que empezó a temblar como un caniche en invierno. Decidí calmarla con caricias y demás pero solo sirvió una cosa: Darle calor (guiño, guiño). - Reímos todos.
- Así es. Sin preguntar y sin pensar diría yo, me miró y se lanzó directo a mis labios. No me dejo ni hacerle la cobra, ¡me hubiera raído tanto! Pero es verdad que tenía ganas de besarle yo también. Esa mirada de interés cada vez que preguntaba algo, me mordía el labio y me quemaba por dentro, ardía. - Puntualizó Jessica.
¡Qué huevos tienes! Santi, el escéptico del grupo y con novia y de semejante forma de conquista. Quién lo hubiera dicho.
...
El partido concluyó a su hora prevista y el Bilbao Basket se proclamó vencedor del derbi por 92 - 85. Un gran partido dónde el veterano del equipo ejerció de líder dentro y fuera de la cancha. Al finalizar el encuentro apagamos el televisor y subimos el volumen de la música. Yo fui el primero en recoger los destrozos del pica-pica y demás mas nadie hizo un amago de querer levantarse a ayudar. Nadie salvo ella. Lucía se levantó y sin más llevó las botellas de refresco a la cocina. No habíamos hablado aún y me atrevería a decir que ni si quiera cruzamos miradas. Pero ella se detuvo frente a mi apoyada en la encimera y me dijo con esa sulce y sinuosa voz:
- Hola, soy Lucía. ¿Y tu nombre es?
-Emm.. John.
Dios mío. Pero, ¿qué haces? La chica por la que te acabas de quedar flechado da el paso en saludarte ¿y solo respondes con tu nombre? Hasta aquí hubiéramos llegado. Por suerte algo me hizo seguir.
- Encantado de conocerte. - Dije sin dejarla dar media vuelta
- El placer es mío.
- Placer el que... - Pensé a media voz. Las ganas de besarla me jugaron una mala pasada.
- ¿Cómo dices? - Respondió perpleja ante lo que creyó haber escuchado.
- Nada, nada... decía que tienes unos ojos azules preciosos.
- Oh... Muchas gracias, el color de los tuyos también es muy bonito.
Aquello fue como saltar sobre nubes de algodón en algún paraíso. Un primer contacto. Dos tímidos besos y un para de piropos. Nos pasamos horas hablando tras aquel primer encuentro, nos conocimos todo cuanto pudimos y no me decepcionó para nada. Si a primera vista me prendió su esencia, su interior se convirtió en la gota que colmara el vaso de la atracción. Era perfecta por todos sus costados o al menos así la veía yo. Pero algo detrás de su mirada y su sonrisilla traviesa me hacía permanecer ojo avizor. Al poco tiempo descubrí de qué se trataba.
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Jonathan Montoya García