martes, 18 de agosto de 2015

Luna, quédate y escribe conmigo.

Cae la noche y ella se cuela en mi cama. La luna entra por mi ventana y me ve dormir. Se tranquiliza al verme soñar sonriendo. Se va conforme con lo que ve. No quería molestarme en mis sueños pero yo le dije, por favor entra.

Alguien una vez me dijo que uno debía hacerse su propia biblioteca. Bien, los libros tapian mis cuatro paredes. Entradas a mis sueños, a mis miles de ilusiones. Libros que compré, que me regalaron y que me encontré llorando en alguno de los bancos de las calles del barrio. Libros de todos los colores, de todas las formas y de todos los autores. Libros de poesía, de fantasía, novelas, obras teatrales, tragicomedias y hasta cómics. Libros que han ganado premios y otros que no han salido a la luz. Libros antiguos color sepia y con olor a recuerdo y libros modernos, de estos sin páginas, con botones. Libros que guían tus viajes y otros que te ayudan a investigar. Libros que narran vidas reales, las de aquellos que se inventan las historias más surrealistas.

No discutiré con quien odia aprender de los libros. También se enseña en las calles. No discutiré tampoco con aquellos que aprenden la vida de la vida. Tampoco te diré que si lees poesía y novelas románticas aprendas a amar, porque como bien dijo Neruda en uno de sus poemas "...el amor lo aprendí de un solo beso."  

Mas yo he sembrado en la tierra mis letras, regadas con todo lo que aprendí leyendo y en la espera de su fructífero momento sigo leyendo, me sigo nutriendo. Páginas y más páginas que son el colchón de las palabras en mi vida. 

Luna, tú que has iluminado mis páginas en cada noche, no me dejes ahora, ahora no. Quédate conmigo y escribamos juntos lo que aún por vivir nos queda. Lo que en mis sueños aún espera. 




Jonathan Montoya García

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