martes, 23 de diciembre de 2014

Una vez me dije...


-¡Vamos vete! Quiero estar sola.
-  No. No me iré.
- ¡Que te vayas!
-  No me iré. ¿Y sabes por qué? Porque he venido hasta aquí por ti.

Sé que quizá ahora mismo tu cabeza piensa que estar sola es lo mejor y que a nadie le importas, pero sabes igual que sé que eso no es así. Entiendo que quieras tener un momento para ti, pero una vez me dije que si de mi dependiera que tú fueras feliz no pararía hasta conseguirlo.

¿Sabes las veces que he llorado por ti? ¿Cuántas veces he llegado a casa pensándote? ¿Crees que no me duele callar lo que siento? ¿Sabes lo que es escribir mil frases y textos porque nadie es capaz de entenderte? Escucha. Sabes perfectamente que hay mucha gente a la que le importas. Tu madre, tu padre, tus hermanos, tu familia por supuesto. Tus amigas, tus amigos y obviamente Yo. Y porque me importas no pienso marcharme de tu lado hasta verte sonreír. Porque si algo me enamoró de ti, aparte de tus ojos, fue tu  sonrisa. Esa sonrisa tan tuya. La que te hace especial. Porque nadie sonríe como tú, nadie achina los ojos de la misma forma que tú al sonreír.

Suspiro.

Será un tópico pero tu felicidad es mi felicidad. Verte feliz es lo que me hace feliz. Lo que quiero es ver a la chica que en su día conocí. Esa que no tenía dificultades para reír y hacer reír. Esa que con una mirada lo decía todo, aquella que mantenía el brillo en sus ojos y que al final de cada lágrima se le escapaba una sonrisa. Sé que a veces cuesta decir te quiero, te necesito o te echo de menos; pero cuando yo te quiero me haces falta y te echo mucho de menos.

¿Recuerdas las veces que te he dicho, en la distancia o a tan solo centímetros, que me encanta tu sonrisa? ¿Cuántas veces he soñado despierto que estaba a tu lado? De pequeño soñaba con volar. Veía a esos pajarillos nadar libres en el aire, ir de allí hacia allá, navegar sin rumbo. Y eso siento al estar contigo. Miro tus ojos, entiendo tu mirada y provoco tu sonrisa con los pies por encima del suelo. Me siento flotar en una nube de ensueño. Rozar tus manos y que me lleven al paraíso. Besar sin tocarte.


¿Sabes? En este mismo instante  en algún lugar hay una pareja que se besa, otra se pelea, unos se casan y otros se separan. En este mismo instante una vida nace y desgraciadamente otra muere. Y es que esta es la vida que nos toca vivir, pero tú decides cómo y con quién.


Jonathan Montoya García

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Tiempo


Cuando el tiempo es oro y no tienes plata para comprarlo no basta con sentarse y esperar. Segundos, minutos, horas; quizá días, semanas, meses o años. Tal vez lustros, décadas y siglos. Tiempo.

Mis palabras envejecen mientras escribo en este papel, cada letra es antigua, queda perdida en el tiempo, pasada de moda que dirían algunos. Hablamos del presente mirando al futuro mientras recordamos el pasado y tan solo queremos tiempo. Nos movemos en una sociedad marcada siendo súbditos de un reloj eterno sin darnos cuenta de que las pilas se acaban gastando.

Algo tan simple y reservado como es el tiempo. En todo está presente. Amor, amistad, salud, trabajo, ocio... En todo existe tiempo. Quién me conoce por mis palabras sabrá que el amor es mi tema estrella y también sé que algunos se cansarán de leer siempre lo mismo, pero... Tiempo al tiempo.

He visto como las manecillas del reloj paseaban eternas dibujando círculos ante mis ojos, mientras te pensaba, mientras te sentía, mientras te quería. Y es que tiempo me falta para pensarte, para sentirte y para recordarte, tiempo me sobra para tratar de olvidarte.

Escribí mil frases. Corrompí de tinta millones de páginas. Llegaste a pedirme tiempo, pero... Hace tiempo que necesito tiempo.


Jonathan Montoya García