sábado, 21 de octubre de 2017

Todo empezó en aquella casa. (Capítulo X)

Cuando todo lo crees perdido, cuando en tu cabeza solo se oye un "se acabó", siempre, siempre hay algo o alguien que te dice: No te rindas. No todavía.

Me encontraba en aquél taxi negro, sentado en los asientos traseros mirando por la ventanilla, viendo pasar uno tras otro los bloques de pisos teñidos de un color parecido al del recuerdo. El taxista, un hombre sabio, no dejaba de mirarme por el espejo interior, sé que se preguntaba qué demonios me ocurría y entonces se decidió a hablar:

- Siento meterme donde no me llaman, pero si algo me ha enseñado la vida es a no darme por vencido en aquellas cosas que más me importan, a preocuparme por lo que más quiero; y usted... Conozco esa mirada... ¿En qué piensa?

No respondí. Ni si quiera lo había escuchado. Mi cabeza estaba en mil sitios a la vez. La lluvia empañaba los cristales del taxi y apenas podía ver a través de ellas, estaban, casi tan nubladas como mis ojos, empapados por las lágrimas.

- Caballero, si no quiere decir nada, al menos dígamelo, pero no se haga el sueco. - Replicó el taxista.
- ¡Dedíquese a conducir y lléveme rápido! ¡Métase en sus asuntos! - Le respondí con rabia.
- ¿Perdone? Los taxistas no solo somos conductores. Somos personas, escuchamos a nuestros pasajeros, no solo ofrecemos el servicio de desplazamiento, podemos ser psicólogos, alguien con quien descargar tensiones y desahogarse...
- ¿¡Quiere dejar de insistir!? No le importan mis problemas.

De pronto el taxista frenó de manera violenta y mi cabeza no chocó con el asiento delantero gracias al cinturón de seguridad.

- Bájese. - Dijo el taxista
- ¿C... Cómo?
- Bájese. Hasta aquí ha llegado su trayecto. No pienso llevar a alguien que no valora cuando una persona quiere ayudar desinteresadamente. Que no entiende que lo único que pretendo es hacerle sentir mejor porque conozco esa cara, sé lo que es luchar por amor. Vamos, si se le nota en los ojos... Está enamorado de alguien y por su actitud se ve que quiere luchar. Yo, tan solo pretendía ayudarlo y usted se ha negado. ¿Sabe? Ni si quiera se dio cuenta que yo no estoy de servicio, y aún así decidí ayudarlo porque lo noté en su mirada. Pero así... No se hacen las cosas. Verá, más adelante tiene una parada de autobús, la línea 13 conduce a su dirección. Espero que tenga mejor suerte.

No supe qué decir. Ese hombre... Desprendía sabiduría, sé que quería ayudarme y había tirado por la borda una oportunidad única. A veces en tu camino se cruzan personas que llegan para mejorar tu vida pero el hombre es caprichoso y la sangre caliente juega malas pasadas. No nos quitamos la venda y no vemos que lo que más necesitamos y nos hace bien está más cerca de lo que creemos. Y yo, había perdido esa oportunidad por necio.

Seguí caminando sin dejar de pensar en el día tan asqueroso que llevaba. Empapado por la lluvia y mis lágrimas, solo, lejos de mi hogar, buscando a Lucía. ¿Por qué tenía que pasarme esto a mi? Lucía vuelve... Al poco logré llegar a la parada de autobús. En veinte minutos llegaba el L-13. En mi bolsillo apenas restaban cuarenta céntimos y el autobús valía un euro con treinta céntimos.

En la parada una señora mayor se acercó y me preguntó si me encontraba bien. Me vio llorar, desconsolado y triste. Solo pude decirle que estaba bien, que no se preocupara por mi. El autobús acababa de llegar y aproveché cuando la gente subía al bus para colarme por la última puerta. Conseguí entrar sin pagar el billete y me senté en la última fila. Dos paradas más adelante mis piernas empezaron a temblar y noté un sudor frío recorriendo mi espalda. Había subido un revisor.


CONTINUARÁ...



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