A veces la tinta corrompe
el papel de sentimientos,
escribiendo letras unidas
en palabras que se aferran a una razón.
Bases de un lenguaje lleno
de acentos,
donde fuera de toda lógica
interviene el corazón.
Cogí la pluma para
trasmitirte un mensaje,
que poco después cubrí de
lágrimas.
Dos manos que caminan
unidas en un pasaje,
pasando de montañas sin
cimas.
Esperé a que el destino
nos concibiera el deseo,
esperanza fue lo último
que perdí.
Fiel a nuestro ansiado
paseo,
tus secretos percibí.
Guardo cartas de amor que
un día escribí para ti,
escritas desde Roma hasta
París.
Hablando sin hablar,
dirigiéndome así,
tomando una copita de
anís.
Imaginaba un mundo
perfecto,
un mundo contigo.
Jazmín y flores en nuestro
trayecto,
viento con aire de abrigo.
Kilos de amor en mi
mochila,
amor que tú y yo
compartimos.
Luz del Sol que tanto
brilla,
besos que tú y yo nos dimos.
Mucho de ti me mostraste,
todo de mi quise darte.
Nadie me quiso como tú lo
hiciste,
nadie como yo pudo amarte.
Oculté el pasado que de ti
me alejaba,
que de ti me apartaba.
Pude olvidar aquello que
más odiaba
y recuperar a quien más
amaba.
Queriéndonos murieron mis
palabras,
como muere la lluvia al
salir el Sol.
Rompiéndonos en un beso
sin abracadabras,
sin ahogar las penas en
alcohol.
Te quiero hube de decirte,
amarte yo debí.
Unir nuestras manos y
cogerte, tocarte,
prometí hasta el cielo
llevarte.
Vi que la tinta se
acababa,
escribiéndote yo esta
carta
con todas las letras,
de la A a la Z.
Jonathan Montoya García
Era digno Ganador, besos
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