viernes, 2 de diciembre de 2016

Todo empezó en aquella casa. (Capítulo II)

Los nervios empezaban a dejarse ver. Era... extraño, diferente, inusual. No solía ponerme nervioso casi para nada, ni si quiera para los temidos exámenes finales. La experiencia (corta pero consistente) me ha hecho creer siempre que mis nervios tienen un mayor significado del que pensaba. Como bien he dicho hace un momento, no suelo ponerme nervioso para nada o casi nada, excepto cuando dentro de mí ocurren cosas que apenas puedo describir con palabras.

No lo entendía. Era sábado y aunque restaran horas para que comenzara la gran fiesta de cumpleaños de Asier, yo estaba muy nervioso. Aparentemente no tenía los motivos suficientes como para estarlo, tan solo era el cebo.

- ¡Asier! Acuérdate que esta tarde a las 04:00 p.m. te espero en frente de la iglesia. No quiero llegar tarde al partido de Juanjo.
- Que sí... De verdad, ¿cuántas veces más me lo vas a recordar? Creo que a la segunda ya me enteré.

Lo reconozco. A veces soy un poco pesado. Pero aún creo que en vez de Anabel Alonso, quien realmente dobló la voz a Dory en Buscando a Nemo fue Asier, A este chico le duraban las cosas en la cabeza lo mismo que un paquete de cromos en la puerta de un colegio.

¿Quién dijo que mentir no está bien? Vale, sí, tenéis razón. Mentir no está bien. Pero decidme, ¿cómo mantienes una sorpresa siendo el cebo? Tenía que inventarme algo. Lógicamente ni Juanjo tenía partido ese fin de semana, ni tampoco hubiera ido a verlo en caso de que jugara, pero qué iba a hacer; la C/ De los Cinco Pardillos nos esperaba. ¿Qué irónico verdad? Calle de los Cinco Pardillos, ¡je! Ni que la hubieran llamado así en nuestro honor o elegido su nombre adrede.

Habíamos quedado en la puerta de la iglesia ya que ese era el punto intermedio entre los dos. Ni muy lejos para él ni muy cerca para mí. Se propuso la hora previa al derbi entre el Baskonia y el Bilbao Basket como hora de quedada en la casa. Con lo que si el partido comenzaba a las 07:00 p.m. nos habíamos citado todos en la casa una hora antes. De momento nada se salía del plan. En la casa todo estaba prácticamente listo: las decoraciones, los vasos y cubiertos, el pica-pica, los globos, las cenefas, matasuegras, las bebidas (con y sin alcohol), etc...

Y nos dieron las dos, las tres y... ¡las 04:00 p.m.! ¡Me había dormido! Creo que nunca antes había saltado tanto desde la cama al suelo. Ni los mecánicos de la Fórmula 1 cambian tan rápido los neumáticos a sus pilotos. Me acicalé tan rápido como pude. Vestí con mis mejores galas: unas Adidas blancas de vestir, un negro y ajustado pero no prieto pantalón tejano, una camiseta interior básica blanca y mi camisa tejana, bien peinado, afeitado, One Million y listo. 

De casa a la iglesia tan solo me separaban un par de manzanas y quince minutos a pie así que finalmente tampoco llegué excesivamente tarde. Aún así hay una ley existencial que nunca falla: la ley de Murphy. Asier solía llegar tarde siempre a todos los sitios pero aquél sábado no. Más puntual no pudo haber sido. Cuando llegué él ya estaba allí, sentado y casi rezándole a Dios que no tardara mucho más en llegar el bus. Una vez en la parada cogimos la única línea que llegaba hasta la casa: la línea L-13. ¿Casualidad? Capricho del destino.

- ¿A quién se enfrenta Juanjo? - Preguntó Asier.
- Pues... - Tardé unos segundos en reaccionar - Me dijo que se enfrentaban a los líderes de la liga, apenas les sacan cuatro puntos de ventaja y como era un partido importante para él decidí ir a verlo jugar y bueno, aprovechando que hoy es 13 y es tu cumpleaños y me dijiste que no harías nada especial, pensé en que estaría bien que me acompañaras y ya ves; aquí estamos. 
- ¡Oh! Gracias. Amigos como tú son los que faltan.
- No... exageras - Respondí sonrojado. 

Mientras en casa de Gonzalo se encontraban él, Fabián, Santi y una de las invitadas, Saray. Habían quedado allí para ir juntos hasta la casa que estaba tres manzanas más arriba de donde vivía Gonzalo. Saray era una chica alta, delgada, pelirroja y con ojos claros. Saray tonteaba con Fabián, pero se lo callaba. Pero está claro que no se puede negar lo que es evidente. Todos lo sabíamos. Aún así eran muy discretos. Todos nos conocíamos, algunos más y otros un poco menos pero todos habíamos tenido relación con todos. Poco a poco llegaron tres amigos más y un primo de Asier de nuestra misma edad.

Cierto es que el recorrido del autobús pasaba por delante del pabellón de la ciudad, pero como es lógico no bajamos en esa parada.

- Esto... Querido amigo, nos hemos pasado la parada, ¿lo sabes, verdad?
- ¿Perdón? ¿Cómo? - Intenté hacerle ver que no me había dado cuenta por culpa de mirar el móvil.
- ¡Que nos hemos pasado la parada del pabellón! Si hubieras dejado de mirar el móvil y hablar con no sé quién te hubieras enterado.
- Wait, Wait, Wait... Para el carro, que tú tampoco te diste cuenta ¿eh, Asier?.
- Son las cuatro y media, es mi hora de la siesta, estoy más fuera que dentro de este autobús. Creo que aún estoy en mi cama. - Se excusó Asier.
- Ah... bueno yo en ese caso pude dormir un poco más. - Rompí con la discusión provocando unas risas.

¡Uf! Por un pelo. Aún me deslumbra la rapidez con la que actuó mi mente para resarcirme de aquella situación. 

Finalmente llegamos a la parada más próxima a la casa. Le dije a Asier que ya nos inventaríamos cualquier cosa para disculparnos a Juanjo. Pero no podíamos volver atrás, y menos estando ya tan cerca. Miré el reloj y las agujas marcaban ya las 04:55 p.m. y eso significaba una cosa: Solo quedaba una hora para la gran fiesta. 

-Asier, qué te parece si damos una vuelta por las tiendas que hay dos calles más abajo, me han dicho que hay han abierto una nueva tienda de videojuegos. 
- Sí, claro. Vayamos. 

Hicimos tiempo echando un vistazo a las novedades en el sector gamer y, de hecho, Asier no pudo resistirse a comprarse el nuevo Final Fantasy. Con su "auto-regalo" en mano, Asier y yo nos dirigimos hacia la casa de la tía de Gonzalo. A Asier no se le escapa una:

- ¡Ey, mira! No es esa la casa de... ¿cómo se llamaba? ¿Mafalda? No... ¡Giralda!
- ¿La tía de Zalo? - pregunté para ganar algo de tiempo.
- Sí, esa misma.
- Oh.. Sí, creo que sí.

Bien, puesto que ya eran las 05:45 p.m. no me quedó otra que parar la marcha, abrir mi mochila y sacar la cinta azul que había preparado para hoy. Le vendé los ojos a Asier sin más explicaciones. Entonces dibujó una sonrisa en su rostro empezando a olerse algo.

Y justo a las seis en punto, picamos al timbre. Gonzalo abrió la puerta y al momento le quité la venda.

-¡¡SORPRESA!! - Gritamos todos al unísono.

Allí estaban todos, incluido Juanjo. Había salido todo a la perfección. Y todo salió según lo previsto, Asier se cagó en mi al principio pero del abrazo que me dio aún estoy doliéndome, Zalo y el resto me dieron la enhorabuena por haber conseguido ser el cebo perfecto y me dispuse a comer y beber como recompensa por mi gran hazaña. Miré a mi al rededor, saludé a todos los asistentes pero, ¿Tan solo estaba Saray? ¿Y el resto de chicas? Pregunté sobre esto a Saray y ella me respondió que Esther, Ana, Andrea, Jessica y Lucía llegarían un poco más tarde. No sabéis lo que me tranquilizó oír eso.

Moría de ganas porque llegaran las chicas. Al menos se empezarían a oír voces algo más agudas, más femeninas y, obviamente, faltaba ella. 



CONTINUARÁ...                 Siguiente capítulo→          Primer capítulo




Jonathan Montoya García




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