Vuelve a cerrar los ojos. Te vuelve a soñar. Las olas son testigo de lo vuestro y anidan cada beso, en tu piel cada roce de sus dedos. Borran cada lágrima, cada deseo de no estar con él.
Las horas se os hacen segundos, el tiempo vuela, el tiempo es oro y él es rico. Cae la noche y el Sol ya duerme. Crece la luna y con ella el brillo en vuestros ojos. Sois dueños de la orilla y en ella escribís vuestros nombres como inicio de una interminable historia. Él tu escritor y tú su musa, todo inspiración. Tú la gata. Con tu mirada clara y sencilla. Con tu ternura especial y tu garra más directa donde el dolor se hace placer. Y él. Él un oso. Tu abrigo en las frías noches de invierno, tu tranquilidad de día y la guerra de tus noches. Quien responde a tus por qué con su filosofia: La respuesta no está allí ni aquí. La respuesta está dentro de ti.
Un paseo que os hace fuertes donde las olas testifican cada paso. Un paseo en el cual la brisa de la noche os perfuma la piel con el aroma de un beso marinero. Donde la luz del faro del próximo puerto os señala el camino. Miráis al reloj con desgana, con desdén. Quiere deteneros y haceros esclavos de su engranaje, esclavos de su tiempo. Sois tú y él, sois vosotros.
Oso, gata, caballo, águila, orca o delfín. Da igual. En esa orilla, en vuestras palabras, en vuestros gestos y vuestras miradas os sentís cualquier animal. Él no abre los ojos, no quiere despertar. Sigue soñando y luchando por hacer su sueño realidad.
Jonathan Montoya García
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