El tiempo que nos queda ya nunca será igual. Hace ya varias mujeres, otras caricias y algunos besos que las nubes entraron en mis ojos, haciéndolos llover bajo una tormenta de sentimientos. Nos levantamos gran parte de los truenos, dando vueltas en silencio sin saber muy bien porqué. Solos, hundidos. Dejamos un camino que se tuerce por momentos para coger otro que quizá tampoco era demasiado recto.
Siempre creí que no hay rectas paralelas, que llegados a un punto nuestros serpenteantes caminos se volverían a encontrar. Desconozco dicho punto, pero mantengo la esperanza de hallarte en él.
Echo en falta desayunar tus te quiero, acariciar tus buenos días y llevarme al trabajo todos tus besos. Echo en falta ahogar mis penas en tus consejos.
Jonathan Montoya García
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