¿Conocéis esa sensación que recorre vuestro cuerpo cuando, a partir de un determinado momento, ya nada vuelve a ser igual? Pues nada volvió a ser lo mismo después de lo que ocurrió. Que en sí no pasó nada, pero aquel comentario fue... demoledor.
No podía terminar de creer como se podía ser tan cobarde. Ya no pensaba en ella, ni en mis amigos, ni en la fiesta. No podía quitarme de la cabeza las ganas de encontrarme con semejante personaje sin corazón. Ni Lucía, ni nadie debe ser objeto del maltrato, es algo imperdonable en la vida. Entiendo que Lucía tuviera miedo y que tal vez por la edad, qué sé yo, pudiera sentirse acongojada ante su pareja o se infravalorara delante de él. Me enervaba la situación. No podía seguir allí dentro mirándola con millones de interrogantes asaltando sobre mi cabeza así que decidí salir de la casa y tomar un poco el aire. Era muy tarde, apenas había luz pero estar allí fuera, sentado sobre el césped, me ayudó muchísimo.
Gonzalo, que salió a por más alcohol, aún no había vuelto. Hacía más de media hora que salió y tan solo había de ir dos calles más arriba. Mientras, la improvisada discoteca se convertía en un lupanar casero. Alcohol a altas horas de la noche, poca luz, las hormonas por las nubes, poca ropa y cada vez menos... Y yo, en el jardín. Éramos jóvenes y nuestras cabezas no muy responsables en esa situación. No tardaríamos en transformar aquello en un tipo de orgía. Eso sí, privada. Cada pareja en una habitación, algún que otro trío y cambios de pareja. Menudo show. Lucía seguía allí dentro. Confieso que mientras estaba fuera me preguntaba con quién estaría ella. Por afinidad más que nada. Estaba claro que Santi y Jessica ya llevaban rato en la habitación, Saray y Ana con Fabián, Zalo no estaba y yo permanecía sentado en el jardín. Y sucedió lo último que creía que sucedería. Lucía abrió la puerta dejando salir algunos gritos y gemidos que venían de la sala de estar y se sentó allí fuera conmigo.
- ¿Qué haces aquí fuera? - Preguntó Lucía apoyando su cabeza sobre mi regazo.
- Nada... Tomar el aire, necesitaba salir un poco. - Respondí melancólicamente.
-Sí... Ayuda mucho evadirse de la realidad de vez en cuando. Aunque no lo parezca y me veas así tan dicharachera, sonriente y feliz, créeme que tengo mis momentos de bajón y muchas veces cojo mis cascos, escucho música y salgo al balcón a tener mi ratito de paz.
- Sí. Esos momentos son únicos. - Asentí dándole la razón mientras contemplaba el azul oscuro de la noche.
- Oye... - Comenzó ella - Lo que hablamos antes, el tema de mi chico, desde entonces te ha cambiado el semblante. Eres el único al que he sido capaz de contarle lo que llevo dentro. No sé... me siento, impotente, insegura, débil y pequeña. Intento sonreír y parecer fuerte, pero... me derrumbo.
Sollozaba. Apartó sus ojos de mi mirada y se echó hacia un lado. Seguía apoyada sobre mis piernas y se tapaba la boca con sus manos. Me daba la espalda para ocultarme sus lágrimas. No le gustaba que la vieran sufrir. No soportaba imaginar por lo que estaba pasando.
- Lucía - Dije volviéndola hacia mí. - ¡Eh! Mírame. Ya está ¿vale? No pasa nada. Desde que atravesaste por primera vez esa puerta y te vi, dejé de respirar. Te juro por lo que más quieras que nunca antes había visto a una chica tan guapa como tú. No me había sentido así nunca. Me han gustado muchas chicas y demás, pero al verte... Me dio un vuelco aquí sabes... - Seguía mientras agarraba fuerte mi pecho. - Respecto al tema, Lucía... yo... sinceramente, no creo que te haga bien seguir con ese chico. No eres menos que él, ni que nadie está claro. Abre los ojos por favor, mírate. ¿Crees que estos ojos claros deben llorar en una fiesta o en cualquier sitio? ¿De verdad piensas que a tu edad has de pasar por esto? Si ahora es así, ¿en 10 años como será? No sé si hago bien o mal en decirte esto pero quiero lo mejor para ti, siento que lo necesitas. Y de momento es lo menos que puedo hacer.
Conforme mi corazón se desnudaba ante ella sus lágrimas remitían, seguía con la mirada triste pero no lloraba. Temblaba como un flan. En mi voz podía notarse el nerviosismo y en mis ojos podía verse el deseo. Era un momento único. Soñé muchísimas veces con esa situación. Los dos solos, en el jardín, bajo las estrellas. Era perfecto. Aún así, no podía seguir viendo esa mirada cabizbaja, pensativa y desganada.
- Lucía, ¿sabes que siempre me ha gustado tu nombre? - Dije con una sonrisa pícara intentando evadirla de sus problemas y hacerla reír.
- ¿Cómo? Pues a mi no me gusta...
- ¿¡Qué qué!? ¿Cómo puede no gustarte? Lucía. Es precioso. Queda bien en la boca. Además hace referencia al verbo lucir y lucir es mostrar, enseñar, presumir incluso.
- Jajaja, qué tonto eres. - Sonrió al fin.
- ¿Cómo me has llamado? A ver si la tonta vas a ser tú, ¡tse! - Desvié mi mirada hacia arriba picándome un poquito.
- Sabes que no.
- ¿Estás segura? Y si me da por cogerte de la cintura y... ¡matarte a cosquillas!
- ¡No! jajajaja ¡Para! Para por favor, ¡te vas a enterar!
Parecíamos dos críos. Nos perseguíamos por el jardín hasta cansarnos pero, no nos cansábamos. Llegué a cogerla por un brazo mientras intentaba escaparse. Tropezamos. Caímos. Los dos, yo sobre ella. El tiempo se detuvo. Por un instante el mundo parecía haberse olvidado de su rotación. Ambos jadeábamos cansados y nuestras respiraciones se mezclaban muy cerca.
- Esto... - Intentaba decir Lucía entre tosidos. - No p..u...ee...do res...pi..rar.
-¡Ups! Perdón, yo... lo siento... no quería... - Dije disculpándome lleno de vergüenza.
- No tranquilo, no pasa nada. Ha estado bien. Hacía tiempo que no reía de esta manera. Necesitaba sentir estas cosas y contigo es tan... simple, natural.
- ¿Sentir estas cosas? - Pregunté algo perplejo.
- Sí, necesitaba volver a sentirme libre, olvidarme de todo y simplemente disfrutar de algo con alguien.
- Bueno, siempre estaré aquí para eso, no debes preocuparte por ello. - Acompañé con un guiño.
-¿Sabes? Ahí dentro parece que se lo están pasando muy bien. - Me decía susurrando mientras me acercaba a ella cogiéndome de la camisa. - Tal vez nosotros deberíamos hacer lo mismo, ¿no crees?
Llámame loco o lo que tú quieras pero aquél momento empezaba a teñirse de seducción pura y dura. Era como un imán. En otras circunstancias igual me hubiera alejado o no hubiera seguido por el camino que cogí aquella noche pero, me era imposible pisar el freno. Aguantamos miradas durante un minuto, diciéndonos millones de cosas sin abrir la boca. Y hubo de ser ella.
- Lo siento, pero si no lo hago, reviento.
No era una frase cualquiera. Era la frase. Nunca antes había visto tanta convicción, seguridad y ganas de hacer algo como lo vi en esas ocho palabras. No pudimos contenernos. Lo hizo. Lo hice. Lo hicimos.
CONTINUARÁ... Siguiente capítulo Capítulo anterior
Jonathan Montoya García
- ¿Qué haces aquí fuera? - Preguntó Lucía apoyando su cabeza sobre mi regazo.
- Nada... Tomar el aire, necesitaba salir un poco. - Respondí melancólicamente.
-Sí... Ayuda mucho evadirse de la realidad de vez en cuando. Aunque no lo parezca y me veas así tan dicharachera, sonriente y feliz, créeme que tengo mis momentos de bajón y muchas veces cojo mis cascos, escucho música y salgo al balcón a tener mi ratito de paz.
- Sí. Esos momentos son únicos. - Asentí dándole la razón mientras contemplaba el azul oscuro de la noche.
- Oye... - Comenzó ella - Lo que hablamos antes, el tema de mi chico, desde entonces te ha cambiado el semblante. Eres el único al que he sido capaz de contarle lo que llevo dentro. No sé... me siento, impotente, insegura, débil y pequeña. Intento sonreír y parecer fuerte, pero... me derrumbo.
Sollozaba. Apartó sus ojos de mi mirada y se echó hacia un lado. Seguía apoyada sobre mis piernas y se tapaba la boca con sus manos. Me daba la espalda para ocultarme sus lágrimas. No le gustaba que la vieran sufrir. No soportaba imaginar por lo que estaba pasando.
- Lucía - Dije volviéndola hacia mí. - ¡Eh! Mírame. Ya está ¿vale? No pasa nada. Desde que atravesaste por primera vez esa puerta y te vi, dejé de respirar. Te juro por lo que más quieras que nunca antes había visto a una chica tan guapa como tú. No me había sentido así nunca. Me han gustado muchas chicas y demás, pero al verte... Me dio un vuelco aquí sabes... - Seguía mientras agarraba fuerte mi pecho. - Respecto al tema, Lucía... yo... sinceramente, no creo que te haga bien seguir con ese chico. No eres menos que él, ni que nadie está claro. Abre los ojos por favor, mírate. ¿Crees que estos ojos claros deben llorar en una fiesta o en cualquier sitio? ¿De verdad piensas que a tu edad has de pasar por esto? Si ahora es así, ¿en 10 años como será? No sé si hago bien o mal en decirte esto pero quiero lo mejor para ti, siento que lo necesitas. Y de momento es lo menos que puedo hacer.
Conforme mi corazón se desnudaba ante ella sus lágrimas remitían, seguía con la mirada triste pero no lloraba. Temblaba como un flan. En mi voz podía notarse el nerviosismo y en mis ojos podía verse el deseo. Era un momento único. Soñé muchísimas veces con esa situación. Los dos solos, en el jardín, bajo las estrellas. Era perfecto. Aún así, no podía seguir viendo esa mirada cabizbaja, pensativa y desganada.
- Lucía, ¿sabes que siempre me ha gustado tu nombre? - Dije con una sonrisa pícara intentando evadirla de sus problemas y hacerla reír.
- ¿Cómo? Pues a mi no me gusta...
- ¿¡Qué qué!? ¿Cómo puede no gustarte? Lucía. Es precioso. Queda bien en la boca. Además hace referencia al verbo lucir y lucir es mostrar, enseñar, presumir incluso.
- Jajaja, qué tonto eres. - Sonrió al fin.
- ¿Cómo me has llamado? A ver si la tonta vas a ser tú, ¡tse! - Desvié mi mirada hacia arriba picándome un poquito.
- Sabes que no.
- ¿Estás segura? Y si me da por cogerte de la cintura y... ¡matarte a cosquillas!
- ¡No! jajajaja ¡Para! Para por favor, ¡te vas a enterar!
Parecíamos dos críos. Nos perseguíamos por el jardín hasta cansarnos pero, no nos cansábamos. Llegué a cogerla por un brazo mientras intentaba escaparse. Tropezamos. Caímos. Los dos, yo sobre ella. El tiempo se detuvo. Por un instante el mundo parecía haberse olvidado de su rotación. Ambos jadeábamos cansados y nuestras respiraciones se mezclaban muy cerca.
- Esto... - Intentaba decir Lucía entre tosidos. - No p..u...ee...do res...pi..rar.
-¡Ups! Perdón, yo... lo siento... no quería... - Dije disculpándome lleno de vergüenza.
- No tranquilo, no pasa nada. Ha estado bien. Hacía tiempo que no reía de esta manera. Necesitaba sentir estas cosas y contigo es tan... simple, natural.
- ¿Sentir estas cosas? - Pregunté algo perplejo.
- Sí, necesitaba volver a sentirme libre, olvidarme de todo y simplemente disfrutar de algo con alguien.
- Bueno, siempre estaré aquí para eso, no debes preocuparte por ello. - Acompañé con un guiño.
-¿Sabes? Ahí dentro parece que se lo están pasando muy bien. - Me decía susurrando mientras me acercaba a ella cogiéndome de la camisa. - Tal vez nosotros deberíamos hacer lo mismo, ¿no crees?
Llámame loco o lo que tú quieras pero aquél momento empezaba a teñirse de seducción pura y dura. Era como un imán. En otras circunstancias igual me hubiera alejado o no hubiera seguido por el camino que cogí aquella noche pero, me era imposible pisar el freno. Aguantamos miradas durante un minuto, diciéndonos millones de cosas sin abrir la boca. Y hubo de ser ella.
- Lo siento, pero si no lo hago, reviento.
No era una frase cualquiera. Era la frase. Nunca antes había visto tanta convicción, seguridad y ganas de hacer algo como lo vi en esas ocho palabras. No pudimos contenernos. Lo hizo. Lo hice. Lo hicimos.
CONTINUARÁ... Siguiente capítulo Capítulo anterior
Jonathan Montoya García
Que bonito! para cuando el siguente capitulo? :)
ResponderEliminarMuchas gracias :) Publico un capítulo al mes, así que para esta semana santa verá la luz el VI capítulo. Espero que sigas leyéndome y gustándote lo que lees.
EliminarSaludos. :D