Ella
buscaba la tranquilidad,
la
serenidad
en un
cuerpo caliente,
en el
alma viviente.
Él no
quería dañarla,
no
quería perderla
y en un
ápice de ser ruín
y en su
corazón escribió la palabra fin.
Las
lágrimas que van cayendo
en su
mejilla y en la mía
se
tornan grises y van muriendo.
Tocan al
fin de sus mejillas y de las mías,
desaparecen
sin más
donde
más duele en el alma viva.
Jonathan Montoya García
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